Si llevas tiempo con una lesión que no termina de mejorar, es posible que en consulta te hayan hablado de la terapia de ondas de choque. Por el nombre puede sonar a algo agresivo o muy aparatológico, pero en realidad hablamos de una herramienta no invasiva que se utiliza en el abordaje de algunos problemas musculoesqueléticos, especialmente cuando el dolor o la evolución hacen pensar que conviene añadir algo más al tratamiento activo. Eso sí, no sirve para todo ni tiene sentido indicarla en cualquier caso.
En AD Fisioterapia Valencia la utilizamos como parte del tratamiento en situaciones bien seleccionadas, sobre todo en determinadas tendinopatías y en algunos cuadros de dolor del pie o del talón. En este artículo te explicamos de forma clara qué es la terapia de ondas de choque, cómo funciona, para qué lesiones puede estar indicada y qué puedes esperar realmente si tu fisioterapeuta te la propone.
¿Qué son las ondas de choque extracorpóreas?
La terapia de ondas de choque extracorpóreas consiste en aplicar pulsos acústicos desde el exterior sobre una zona concreta del cuerpo. En fisioterapia se utiliza en determinados problemas musculoesqueléticos, sobre todo cuando buscamos añadir una herramienta más dentro del tratamiento y no solo depender de reposo, masaje o ejercicio aislado. Su efecto no se explica bien diciendo simplemente que “regenera” el tejido, sino entendiendo que provoca un estímulo mecánico que puede desencadenar respuestas biológicas relacionadas con el dolor, la mecanotransducción y la adaptación tisular.
No todas las ondas son iguales. De forma simplificada, solemos hablar de ondas focales y ondas radiales. Las focales concentran la energía en un punto más concreto y a mayor profundidad. Las radiales, en cambio, dispersan la presión de forma más superficial. De hecho, varias referencias técnicas y de buenas prácticas recuerdan que, desde el punto de vista físico, las radiales se parecen más a ondas de presión que a una “onda de choque” verdadera, aunque en la práctica clínica muchas veces se incluyan bajo el mismo paraguas terapéutico.
Esta tecnología empezó a desarrollarse en medicina a partir de la litotricia extracorpórea para fragmentar cálculos renales y, con el tiempo, se adaptó al ámbito musculoesquelético. Desde entonces se ha incorporado al tratamiento de distintas lesiones, aunque su utilidad depende mucho del diagnóstico, del tipo de tejido afectado y de si realmente está bien indicada.

¿Cómo funciona la terapia de ondas de choque a nivel del tejido?
La terapia de ondas de choque no actúa como un analgésico inmediato ni como una técnica que “repare” el tejido de forma automática. Lo que hace es aplicar un estímulo mecánico sobre la zona tratada, y ese estímulo puede desencadenar una serie de respuestas biológicas que ayudan a modular el dolor y a favorecer ciertos procesos de adaptación del tejido. Por eso no suele plantearse como una solución aislada, sino como una herramienta más dentro del tratamiento.
¿Qué cambios puede provocar la terapia de ondas de choque?
A nivel biológico, se ha propuesto que las ondas de choque pueden influir en la actividad celular, en la respuesta inflamatoria local y en algunos mecanismos relacionados con la vascularización y la remodelación tisular. También se han descrito efectos sobre mediadores del dolor, como la sustancia P, y sobre procesos de mecanotransducción, es decir, la forma en la que el tejido responde a un estímulo mecánico. Todo esto ayuda a entender por qué algunos pacientes notan mejoría progresiva después de varias sesiones, y no necesariamente justo al terminar la primera.
¿Por qué no suele notarse de forma inmediata?
A diferencia de un tratamiento pensado solo para aliviar síntomas en el momento, la terapia de ondas de choque suele trabajar a medio plazo. Por eso no siempre se busca un cambio inmediato tras la sesión. En muchos casos, la mejoría aparece de forma gradual, a medida que el tejido y el sistema nervioso responden al tratamiento y al resto del plan terapéutico.
¿Para qué lesiones se usa la terapia de ondas de choque?
La terapia de ondas de choque se utiliza sobre todo en lesiones musculoesqueléticas que llevan tiempo dando guerra y no terminan de mejorar del todo con medidas más básicas. No es un tratamiento para cualquier dolor, ni suele ser la primera opción en todos los casos. Donde más se suele plantear es en problemas crónicos del tendón y en algunos cuadros de dolor del talón o del hombro. Sus indicaciones habituales suelen ser:
- Fascitis plantar o fasciopatía planta
- Tendinopatía aquílea
- Tendinopatía rotuliana
- Epicondilalgia lateral
- Tendinopatía calcificante del hombro
Una de las indicaciones más conocidas: el dolor en el talón
Uno de los casos en los que más se oye hablar de esta técnica es en la fasciopatía plantar o fascitis plantar sobre todo cuando el dolor en el talón se mantiene durante meses y no termina de mejorar bien. Aun así, conviene entenderlo bien: las ondas de choque pueden formar parte del tratamiento, pero en esta lesión siguen siendo muy importantes el ejercicio, el ajuste de carga, los estiramientos y otras medidas conservadoras. Si tienes este problema, puede interesarte leer nuestro artículo sobre el espolón calcáneo y su tratamiento, ya que muchas veces ambas condiciones van de la mano.
Uso de la terapia de ondas de choque en algunas tendinopatías
Otro grupo en el que pueden tener sentido son ciertas tendinopatías crónicas, como la del tendón de Aquiles, la rotuliana o el llamado codo de tenista. En estos casos se suelen plantear cuando la evolución se ha estancado o cuando el tratamiento necesita un apoyo más, pero sin perder de vista algo importante: en muchas tendinopatías, el ejercicio de carga sigue siendo la base del tratamiento. Las ondas de choque pueden sumar, pero no sustituyen un buen plan de rehabilitación.
¿Donde más protagonismo suelen tener el el hombro calcificado?
Probablemente una de las indicaciones más claras para mucha gente sea la tendinopatía calcificante del hombro. Aquí las ondas de choque se usan con la idea de reducir dolor y ayudar en cuadros donde hay depósitos de calcio dentro del tendón.
También hay usos más específicos de la terapia de ondas de choque que se salen un poco de lo que solemos ver en una consulta de fisioterapia general. Uno de ellos es la pseudoartrosis o el retraso de consolidación, es decir, fracturas que no terminan de curar como deberían. En estos casos se utilizan sobre todo ondas focales y el abordaje suele formar parte de un contexto más especializado.

| Patología | Evidencia | Sesiones habituales | Mejoría esperada |
|---|---|---|---|
| Fascitis plantar crónica | Alta | 3-5 sesiones | 70-80% mejoran significativamente |
| Tendinitis calcificante hombro | Alta | 3-6 sesiones | 60-75% resolución de calcificación |
| Epicondilitis lateral | Moderada-Alta | 3-5 sesiones | 60-70% mejoría del dolor |
| Tendinopatía rotuliana | Moderada | 3-5 sesiones | 50-65% mejoría funcional |
| Tendinopatía aquílea | Moderada | 4-6 sesiones | 55-70% mejoría del dolor |
| Trocanteritis | Moderada | 3-5 sesiones | 55-65% mejoría del dolor |
¿Cómo es una sesión de terapia de ondas de choque en fisioterapia?
En AD Fisioterapia Valencia, una sesión de terapia de ondas de choque no empieza con el aparato, sino con una valoración previa. Antes de aplicarlas, necesitamos tener claro qué lesión hay, en qué fase está y si esta técnica realmente tiene sentido en ese caso. No se trata de poner ondas de choque porque sí, sino de utilizarlas cuando encajan dentro del tratamiento.
Preparación y aplicación de terapia de ondas de choque
Una vez confirmamos que están indicadas, localizamos bien la zona a tratar. Muchas veces basta con la exploración y la palpación, y en algunos casos podemos apoyarnos en la ecografía para afinar más. Después se aplica gel sobre la piel y se coloca el cabezal del equipo sobre la zona.
Durante la sesión notarás una sensación de golpeteo rápido o pequeños impactos repetidos. Al principio puede resultar algo molesto, pero suele ser tolerable y la intensidad se puede ajustar en función de la zona, del tipo de lesión y de cómo lo vayas llevando. La aplicación en sí no suele durar mucho. Lo habitual es que esté entre unos pocos minutos y, como mucho, alrededor de 10 o 15.
¿Qué puedes notar después?
Después de la sesión es normal que la zona quede algo sensible, enrojecida o más molesta durante un tiempo. En general, esa reacción suele durar entre 24 y 48 horas. No significa que vaya mal. De hecho, entra dentro de lo esperable en muchos casos.
También conviene no obsesionarse con notar mejoría inmediata. A veces el cambio se empieza a percibir después de varias sesiones, no justo al salir de consulta. Por eso valoramos la evolución en conjunto y no solo lo que pasa el mismo día del tratamiento.
¿Cuántas sesiones suelen hacer falta para la terapia con ondas de choque?
Lo más habitual es plantear un ciclo corto de varias sesiones, normalmente separadas entre sí por varios días o una semana, aunque esto puede cambiar según la lesión y la respuesta de cada persona. En muchos casos se trabaja en torno a 3 a 5 sesiones, pero no todo el mundo necesita exactamente lo mismo.

Beneficios de las ondas de choque frente a otros tratamientos
Las ondas de choque pueden aportar ventajas interesantes frente a otros tratamientos, pero conviene explicarlo bien: no son una solución mágica ni sustituyen siempre al ejercicio terapéutico, a la valoración clínica o a un buen plan de carga. Su principal punto fuerte es que, en determinados casos, permiten estimular procesos de reparación tisular y modular el dolor sin recurrir a técnicas más invasivas.
Frente a tratamientos puramente pasivos, como algunos masajes o aparatología con efecto más temporal, las ondas de choque pueden resultar especialmente útiles en problemas tendinosos o insercionales que se han cronificado y no terminan de mejorar. También tienen la ventaja de que suelen aplicarse en sesiones cortas y no requieren tiempo de recuperación largo, por lo que el paciente puede mantener gran parte de su rutina habitual con las adaptaciones necesarias.
Si las comparamos con la medicación, su ventaja es que no buscan solo aliviar síntomas durante unas horas, sino intervenir sobre el tejido y su capacidad de adaptación. Y frente a infiltraciones u otros procedimientos más invasivos, ofrecen una opción intermedia que en algunos pacientes puede ser razonable antes de plantear medidas de mayor complejidad.
Eso sí, su valor real aparece cuando están bien indicadas. No todas las lesiones necesitan ondas de choque, ni en todos los casos son la mejor alternativa. Por eso, lo importante no es aplicar la técnica por sistema, sino decidir cuándo tiene sentido incluirla dentro de un tratamiento completo.
Contraindicaciones y precauciones de las ondas de choque
Las ondas de choque son una técnica segura cuando están bien indicadas y se aplican correctamente, pero eso no significa que sirvan para todo ni para todos los pacientes. Antes de utilizarlas, hay que valorar el caso de forma individual y descartar situaciones en las que el tratamiento no está recomendado o requiere especial cautela.
Cuándo no se deben aplicar las ondas de choque
Existen algunas contraindicaciones claras. No deben aplicarse sobre zonas con infecciones activas ni sobre tejidos con sospecha o presencia de tumor. Tampoco se utilizan durante el embarazo sobre la región abdominal o pélvica. En pacientes con alteraciones importantes de la coagulación o en tratamiento anticoagulante, la indicación debe revisarse con cuidado antes de plantear la técnica.
También conviene evitarlas sobre cartílagos de crecimiento en niños y adolescentes, así como en áreas especialmente sensibles como el cráneo o de forma directa sobre la columna vertebral, salvo indicaciones muy concretas y dentro de un contexto clínico bien controlado.
¿Qué precauciones hay que tener en cuenta en la terapia de ondas de choque?
Más allá de las contraindicaciones absolutas, hay situaciones que obligan a valorar mejor el tratamiento. Por ejemplo, si el paciente lleva una prótesis metálica en la zona, no siempre significa que las ondas de choque estén prohibidas, pero sí que hay que estudiar bien la indicación. Algo parecido ocurre con los marcapasos: aunque las ondas acústicas no actúan como una corriente eléctrica, suele evitarse la aplicación cerca del dispositivo por prudencia.
En la práctica, lo importante no es solo decidir si se pueden usar, sino cómo se aplican. La energía, la frecuencia, el número de impulsos y el punto exacto de tratamiento influyen mucho en el resultado. Por eso, para que la técnica sea segura y realmente útil, debe realizarla un profesional con formación específica y tras una valoración previa adecuada.

Comienza tu tratamiento en AD Fisioterapia Valencia
En AD Fisioterapia Valencia abordamos este tipo de lesiones desde una valoración individual, combinando razonamiento clínico, terapia manual, ejercicio terapéutico y, cuando está indicado, ondas de choque dentro de un plan de tratamiento coherente.
Puedes conocer mejor nuestro enfoque en AD Fisioterapia y ver en qué consiste nuestro servicio de fisioterapia en Valencia. Si necesitas una valoración profesional para saber si este tratamiento es adecuado para ti, este puede ser un buen momento para empezar.